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El desafío y la promesa de Educapaz en la coyuntura

Nunca fue tan evidente el papel de la educación en la construcción de la paz en Colombia.

El voto emocional y la abstención dominaron la elección del pasado domingo. Un 62% de los colombianos no participaron ni para aceptar ni para rechazar el paso más importante hacia la paz en medio siglo en el país. Y entre la minoría que votó la rabia y el rencor, los dolores y los temores jugaron un papel desmedido en la decisión, y aunque muchas de esas emociones son legítimas, otras fueron alentadas a través de la propaganda. La democracia plebiscitaria suele despertar ese tipo de comportamientos, y Colombia no fue la excepción; no obstante, en nuestro “Pazxit” la precaria capacidad democrática de nuestra cultura política y la naturalización de la violencia se vieron retratadas con dramatismo. La educación cívica, para los derechos, para el perdón y la reconciliación, y para la participación son, hace tiempo, una carencia desatendida. Ese solo hecho confirma que cada día gana más pertinencia la necesidad de escalar las buenas prácticas de educación para la ciudadanía a todo el sistema educativo, uno de los dos pilares de Educapaz.

Sin embargo, hay otra realidad que surge de la elección del domingo aún más comprometedora para quienes hemos creado el Programa Nacional de Educación para la Paz. En donde viven las víctimas y los guerreros, la votación por la reconciliación fue contundente. Municipios emblemáticos del conflicto armado como Bojayá, Tumaco, Cartagena del Chairá, Toribío y un centenar más perdonaron, miraron al futuro y con esperanza votaron por encima del 70% y 80% en favor de la reconciliación. No se pueden implementar por ahora desde el gobierno las disposiciones contempladas en el acuerdo de paz para ofrecer educación inicial, básica, media y superior a los niños y jóvenes de esos territorios rurales, pero esas poblaciones no pueden quedar abandonadas. Allí se forma la genuina Generación de la Paz, allí se pide apoyo para formarla. La responsabilidad de quienes estamos comprometidos con formarla es estar allí, y allí estaremos.

El plebiscito fue impulsado desde ambos lados por la clase política. Aunque muchos dirigentes políticos están trabajando por lo que consideran mejor para el país, son percibidos por el ciudadano de a pie como defensores de sus propios intereses en la campaña presidencial para 2018 y las elecciones al Congreso, más que por su compromiso con las víctimas, los jóvenes, los campesinos, los indígenas y los afrodescendientes. Se les ve como buscadores de una paz rápida más que como transformadores profundos de la cultura. Hoy las calles comienzan a ver a estudiantes universitarios, ambientalistas, artistas y ciudadanos sin afiliación distinta a la de la esperanza, que reclaman que su voz no fue atendida y piden compromiso de parte de los del Sí y los del No para buscar juntos una salida hacia la paz. A superar el “Pazxit” con un acuerdo más incluyente. Educapaz, como alianza de organizaciones de la sociedad civil, los apoya. Y se compromete a trabajar intensamente para que la agenda de cambio que está en los acuerdos de paz y en el clamor de esas personas que representan la Colombia que queremos no se quede en letra muerta.

Es seguro que cualquier renegociación mantendría el Plan de Educación Rural y el Plan de Educación Ciudadana que los acuerdos definieron. En eso hay consenso. Así que esos planes no son parte del impasse político actual y su vigencia es indiscutible. Hacer realidad esos temas que nos unen en torno a la paz, más allá del desenlace político de las negociaciones sería de gran ayuda para la superación de la crisis inmediata y para la superación de las causas de la guerra. De modo que la agenda de educación para la paz se mantiene.

El camino ahora es más largo, pero si lo transitamos reflexivamente, con los líderes, los maestros, los estudiantes, las escuelas, las universidades y la sociedad que cree en los niños, niñas y jóvenes como prioridad, será un camino más sólido hacia la paz. Nos comprometemos a seguir transitando las sendas de la acción local, de la construcción de conocimiento, de la formación de maestros, y de la incidencia en la opinión pública y en el mundo institucional, para que Colombia comprenda que la verdadera paz está en la apuesta por la formación integral de seres humanos capaces con igualdad de oportunidades en todos los territorios y culturas.

Firmado por:

Bernardo Toro- Asesor de Educapaz Luis
uillermo Guerrero – Centro de Investigación y Educaciòn Popular CINEP/PPP
Luz Elena Patarroyo– Centro de Investigación y Educaciòn Popular CINEP/PPP
Enrique Ochoa – CLAYSS Andrea Bustamente - Convivencia Productiva/Aulas en Paz
José Fernando Mejía – Convivencia Productiva/Aulas en Paz
Deidamia García – Coordinación Educapaz
Laura Andrea Rivas – Coordinación Educapaz
Óscar Sánchez – Coordinación Educapaz
Claudia Marcela Vega – Fe y Alegría Colombia
Sabrina Burgos - Fe y Alegría Colombia
Víctor Murillo – Fe y Alegría Colombia
Clarita Arboleda - Fundación Escuela Nueva
Vicky Colbert – Fundación Escuela Nueva
Leonel Narváez - Fundación para la Reconciliación
Paula Monroy – Fundación para la Reconciliación
Claudia Mora – Pontificia Universidad Javeriana de Cali
Carolina Lopera - Universidad de los Andes/ Facultad de Educación
Julián Mariño – Universidad de los Andes/ Facultad de Educación
Enrique Chaux – Universidad de los Andes/Aulas en Paz

Bogotá, D.C – Colombia, Octubre 6 de 2016.

Colaboradores: Gracias por su apoyo.

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